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Explicado Inteligencia artificial Privacidad digital 15 min de lectura

La carrera soberana de 80.000 millones de dólares: por qué las naciones construyen su propia infraestructura en la nube

Se proyecta que el gasto global en sistemas de nube soberana alcance los 80.000 millones de dólares en 2026, ya que el informe comercial de EE. UU. identifica más de 30 países con restricciones en la nube, la localización de datos o el acceso transfronterizo.

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Centro de datos moderno que representa infraestructura de nube soberana
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Se proyecta que el gasto global en infraestructura de nube soberana alcance los 80.000 millones de dólares en 2026, un aumento del 35,6 % impulsado por gobiernos y organizaciones que buscan mantener el control sobre los datos y los sistemas de inteligencia artificial.[s] Estas cifras reflejan un cambio tectónico en la forma en que las naciones ven la infraestructura digital: ya no como un servicio commodity, sino como un aparato de seguridad nacional crítico, equiparable a las redes eléctricas y de telecomunicaciones.

Por qué la infraestructura de nube soberana es crucial ahora

Los números son contundentes. En 2025, Amazon, Microsoft y Google controlaban aproximadamente el 63 % del mercado global de infraestructura en la nube: AWS con un 30 %, Azure con un 20 % y Google Cloud con un 13 %.[s] Para Europa, la dependencia es aún mayor: la economista de competencia Cristina Caffarra estima que el 90 % de la infraestructura digital europea, incluyendo nube, computación y software, está controlada por empresas no europeas, predominantemente estadounidenses.[s]

Esta concentración de la infraestructura global en la nube crea lo que los críticos denominan puntos críticos de infraestructura: puntos únicos de fallo que potencias extranjeras o corporaciones podrían explotar durante disputas geopolíticas. La preocupación no es teórica. Cuando el fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, Karim Khan, fue bloqueado temporalmente de su cuenta de Microsoft Outlook en medio de presiones políticas estadounidenses, la institución decidió reemplazar su software de oficina de Microsoft por alternativas europeas.[s]

El marco legal agrava el riesgo. La Ley CLOUD de EE. UU. de 2018 permite a las autoridades estadounidenses obligar a las empresas tecnológicas con sede en ese país a entregar datos, independientemente de dónde estén almacenados físicamente. Cualquier contrato privado entre un cliente europeo y un proveedor de nube estadounidense está subordinado a la ley federal de EE. UU.[s]

La magnitud de la carrera por la soberanía

McKinsey estima que entre el 30 y el 40 % de todo el gasto en inteligencia artificial podría verse influenciado por requisitos de soberanía, lo que representa un mercado de 500.000 a 600.000 millones de dólares a nivel global para 2030.[s] El impulso por la infraestructura de nube soberana ha alarmado a Washington. El Informe de Estimación Comercial Nacional de EE. UU. de 2026 identifica más de 30 países que restringen el acceso transfronterizo a datos, mientras que las referencias a la nube y la localización de datos aumentaron aproximadamente un 50 % respecto al informe de 2025.[s]

El número de leyes de localización de datos en el mundo se ha más que duplicado desde 2017.[s] Sin embargo, la infraestructura sigue concentrada: solo 32 países en el mundo albergan centros de datos específicos para inteligencia artificial, lo que deja a alrededor de 160 naciones dependientes de sistemas extranjeros.[s]

Medidas concretas de Europa

El estado alemán de Schleswig-Holstein está migrando a 30.000 funcionarios públicos de productos de Microsoft a alternativas de código abierto. El proceso comenzó en marzo de 2024 y ya ha trasladado a 24.000 empleados a LibreOffice, Nextcloud, Open Xchange y Thunderbird.[s] El Ministerio Federal de Economía de Austria completó la migración de 1.200 empleados a Nextcloud, optando deliberadamente por no adoptar servicios de nube estadounidenses.

A nivel europeo, se anunció EURO-3C en el Mobile World Congress de marzo de 2026: una federación anunciada por Telefónica que reúne a más de 70 organizaciones para construir una red de infraestructura de nube soberana. En lugar de construir un hiperescalador desde cero, algo descrito por los líderes del proyecto como «muy difícil» de lograr para Europa, la iniciativa conecta nodos de infraestructura nacional existentes en un sistema federado.[s]

Caffarra argumenta que la iniciativa Gaia-X, lanzada con ambiciones similares, fracasó porque se permitió la participación de hiperescaladores estadounidenses: «Una vez que Microsoft, Google y AWS estuvieron dentro de Gaia-X, la iniciativa perdió su propósito».[s] Esta lección ha moldeado la forma en que los líderes europeos abordan ahora el bloqueo de proveedores: ningún proveedor sujeto a leyes extraterritoriales de EE. UU. puede considerarse soberano para fines europeos.

Programas nacionales de infraestructura de inteligencia artificial

Francia afirma que los compromisos públicos, privados e internacionales relacionados con la inteligencia artificial suman 109.000 millones de euros, mientras que el plan Francia 2030 incluye financiación específica para investigación y desarrollo en inteligencia artificial; el país apunta a contar con 1,2 millones de GPUs para 2030.[s] El presidente Emmanuel Macron enmarcó el esfuerzo explícitamente como una cuestión de soberanía: «Esta es nuestra lucha por la soberanía, por la autonomía estratégica. Queremos nuestra nube, queremos nuestros centros de datos, queremos nuestras capacidades de computación».[s]

NVIDIA anunció lo que denominó el mayor despliegue de infraestructura de inteligencia artificial en la historia del Reino Unido: 120.000 GPUs NVIDIA Blackwell Ultra y hasta 11.000 millones de libras para centros de datos locales para fines de 2026.[s] Josh Payne, CEO de Nscale, resumió la lógica: «La infraestructura de inteligencia artificial soberana es clave para la resiliencia nacional, el crecimiento económico y la autonomía estratégica».[s]

Forrester predice que la mitad de las naciones del G20 exigirán modelos de inteligencia artificial ajustados localmente para los servicios del sector público.[s] Este cambio también se aplica al despliegue de inteligencia artificial empresarial: las organizaciones descubren cada vez más que la infraestructura de nube existente no puede ofrecer las garantías necesarias para cargas de trabajo sensibles o reguladas.

El contraargumento económico

No todos ven con buenos ojos esta carrera por la soberanía. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales advierte que, si las nubes soberanas nacionalistas se convierten en «nubes fragmentadas» aisladas, esto conllevará enormes costos económicos y fragmentará el sistema tecnológico global y abierto.[s]

Los controles soberanos conllevan penalizaciones medibles: mayores costos, crecimiento más lento y menos innovación, lo que hace que las economías que los adoptan sean menos competitivas. El CSIS señala que la infraestructura soberana tiene un historial pobre de éxito y a menudo se convierte en una inversión varada.[s] Existen vulnerabilidades similares en la cadena de suministro en otros sectores donde la economía de escala favorece la concentración.

Datos de McKinsey muestran que las migraciones a inteligencia artificial soberana suelen tardar entre tres y cuatro años, no por limitaciones tecnológicas, sino por el trabajo organizativo necesario para trasladar cargas de trabajo reguladas.[s] La mayoría de las empresas incluyen la inteligencia artificial soberana en sus hojas de ruta para 2026, pero carecen de estrategia detallada, presupuestos o clasificación de cargas de trabajo.

La respuesta de Estados Unidos

Washington considera la soberanía de datos como una barrera comercial. El Informe de Estimación Comercial Nacional de 2026 no distingue entre preocupaciones de seguridad legítimas y proteccionismo, y coloca la iniciativa de nube soberana de Canadá junto a la prohibición total de Turquía sobre la computación en la nube en el sector público.[s]

La estrategia es doble: la Ley CLOUD afirma el acceso legal a los datos dondequiera que estén, mientras que la política comercial ejerce presión sobre los países que intentan mover los datos fuera de ese alcance. La decisión de El Salvador de permitir el almacenamiento de datos de historial crediticio en la nube tras la intervención de EE. UU. se cita en el informe como un resultado modelo.[s]

¿Qué sigue?

El riesgo estructural persiste: si un país externaliza su capacidad para gestionar su propia infraestructura de computación, un país extranjero o una empresa podrían desactivar capacidades clave en el futuro.[s] Con más del 80 % de todos los centros de datos ubicados en países desarrollados y China, y África albergando menos del 1 %, la brecha de soberanía refleja las divisiones económicas existentes.[s]

Gartner proyecta que las organizaciones trasladarán el 20 % de las cargas de trabajo existentes de nubes públicas globales a proveedores locales.[s] La pregunta es si las iniciativas de soberanía pueden evitar la fragmentación que las hace contraproducentes, o si la inversión anual de 80.000 millones de dólares se convertirá en otro tipo de capital varado en una pila tecnológica en rápida evolución.

La arquitectura técnica de la infraestructura de nube soberana

La soberanía opera en cuatro dimensiones distintas que determinan el control real sobre los sistemas de inteligencia artificial y datos: territorial (dónde residen físicamente los datos y la computación), operativa (quién gestiona y asegura la infraestructura), tecnológica (quién posee la pila subyacente y la propiedad intelectual) y legal (qué jurisdicción rige el acceso y el cumplimiento).[s]

La mayoría de las ofertas de infraestructura de nube soberana de los hiperescaladores estadounidenses abordan solo la dimensión territorial: centros de datos ubicados en suelo europeo. Los críticos denominan esto «lavado de soberanía» porque la empresa matriz sigue sujeta a la Ley CLOUD. Como señala Caffarra: «Una empresa sujeta a las leyes extraterritoriales de Estados Unidos no puede considerarse soberana para Europa. Simplemente no funciona».[s]

Una verdadera infraestructura de nube soberana requiere abordar las cuatro capas. La certificación SecNumCloud 3.2 de Francia exige que los proveedores de nube que manejan datos gubernamentales sensibles sean al menos un 61 % de propiedad europea y estén exentos de leyes no europeas. Los hiperescaladores estadounidenses no pueden obtener esta certificación sin establecer empresas conjuntas con socios locales.[s]

Concentración del mercado y puntos críticos de infraestructura

El mercado más amplio de infraestructura en la nube muestra una concentración extrema. En 2025, Amazon AWS dominaba el 30 % del mercado, Microsoft Azure el 20 % y Google Cloud el 13 %.[s] La cuota de los proveedores europeos de servicios en la nube en el mercado europeo de infraestructura en la nube cayó del 22 % en 2017 al 15 % en 2024.[s]

Esta concentración crea puntos críticos de infraestructura análogos a las vulnerabilidades en la cadena de suministro en la fabricación de semiconductores. Solo 32 países en el mundo albergan centros de datos específicos para inteligencia artificial, lo que deja a aproximadamente 160 naciones dependientes de infraestructura extranjera para la computación de inteligencia artificial.[s] Estados Unidos y China controlan juntos más del 90 % de la capacidad global de centros de datos para inteligencia artificial.

Las implicaciones se extienden al entrenamiento de modelos. El despliegue de inteligencia artificial empresarial requiere acceso a clústeres de GPUs de alta densidad, conectividad por cables submarinos y redes de baja latencia. Sin estos elementos, un país tiene dificultades para competir en el desarrollo de inteligencia artificial de vanguardia.

El mecanismo de la Ley CLOUD

La Ley CLOUD de EE. UU. de 2018 obliga a las empresas tecnológicas estadounidenses a proporcionar los datos solicitados, independientemente de dónde estén almacenados físicamente. El mecanismo opera mediante órdenes judiciales que exigen legalmente el cumplimiento.[s]

Esto entra en conflicto directo con el Artículo 35 del RGPD, que exige evaluaciones de impacto en la protección de datos antes de implementar tecnologías «susceptibles de entrañar un alto riesgo para los derechos y libertades de las personas físicas». Cuando se realizan estas evaluaciones para los servicios de hiperescaladores estadounidenses, el RGPD señala la Ley CLOUD como un riesgo significativo, a menudo inaceptable. El conflicto legal se está convirtiendo en el principal motor para que los organismos públicos busquen alternativas.

Las mitigaciones técnicas, como el cifrado, dependen en gran medida de la gestión de claves. Si el proveedor estadounidense gestiona las claves de cifrado, el control de estas puede socavar los compromisos contractuales de privacidad. Por eso, la soberanía arquitectónica (quién controla la pila) es tan importante como la soberanía territorial (dónde se encuentran los datos).

Componentes de la pila de inteligencia artificial soberana

Construir infraestructura de nube soberana y capacidad de inteligencia artificial requiere coordinación en múltiples capas: suministro de energía, hardware de computación (GPUs y NPUs), infraestructura de centros de datos, redes (cables submarinos e interconexiones de baja latencia), plataformas en la nube, capacidad de entrenamiento de modelos y capas de aplicación.[s]

El enfoque de Francia ilustra la estrategia de pila completa. El impulso del país en inteligencia artificial combina el objetivo de 1,2 millones de GPUs para 2030 con el aprovechamiento de su infraestructura nuclear de 57 reactores y 61 GW para alimentar la computación de inteligencia artificial. Está previsto un acuerdo de 10.000 millones de euros con Fluidstack para entregar 500.000 chips de inteligencia artificial de próxima generación, con la Fase 1 operativa para 2026 y una capacidad de computación de 1 GW.[s]

El despliegue de 120.000 GPUs NVIDIA Blackwell Ultra en el Reino Unido incluye Stargate UK, donde se espera que OpenAI sirva modelos, incluyendo GPT-5, desde los centros de datos de Nscale en el Reino Unido para 2026.[s] Esto representa un enfoque híbrido: infraestructura soberana que alberga modelos de vanguardia de proveedores estadounidenses bajo control operativo local.

Complejidad de la migración y bloqueo de proveedores

Las migraciones a nubes soberanas suelen tardar entre tres y cuatro años, impulsadas principalmente por barreras organizativas más que técnicas.[s] El cuello de botella es la preparación de los datos: clasificar las cargas de trabajo según su exposición regulatoria, establecer protocolos de cifrado y propiedad de claves, implementar controles de identidad y acceso, y construir vías de respuesta a incidentes.

Datos de encuestas de McKinsey muestran que la mayoría de las empresas incluyen la inteligencia artificial soberana en sus hojas de ruta para 2026, pero carecen de estrategia detallada, planes de acción, presupuestos y clasificación de cargas de trabajo.[s] Las ofertas de inteligencia artificial soberana se perciben como un 10 a un 30 % más caras que las alternativas globales, lo que hace que el caso de negocio dependa de los requisitos regulatorios más que de los beneficios de rendimiento.

La crítica de Caffarra a Gaia-X demuestra cómo el bloqueo de proveedores puede mantenerse incluso dentro de iniciativas de soberanía. Argumenta que las empresas estadounidenses presionaron para ser incluidas y que la presencia de Microsoft, Google y AWS hizo que la iniciativa perdiera su propósito.[s] EURO-3C adopta un enfoque diferente al enfatizar una red europea federada.

Compensaciones económicas y riesgo de fragmentación

El análisis del CSIS identifica costos concretos: los controles soberanos conllevan mayores gastos en infraestructura, plazos de implementación más lentos y menor acceso a la innovación, lo que hace que las economías sean menos competitivas a nivel global.[s] Si las nubes soberanas nacionalistas se convierten en «nubes fragmentadas» aisladas, el resultado es la fragmentación del sistema tecnológico global, con pérdidas económicas que superan cualquier ganancia en seguridad.

El contraargumento de los defensores de la soberanía: si un país externaliza su infraestructura de computación, actores extranjeros podrían desactivar capacidades críticas durante disputas geopolíticas.[s] El caso de la CPI, donde la presión política fue seguida de un bloqueo de cuenta, proporciona un ejemplo concreto de cómo este riesgo puede materializarse.

Gartner proyecta que el 20 % de las cargas de trabajo se trasladarán de nubes públicas globales a proveedores locales.[s] La pregunta es si esta migración selectiva, centrada en cargas de trabajo sensibles y reguladas mientras se mantiene la infraestructura global para servicios commodity, puede capturar los beneficios de la soberanía al tiempo que minimiza los costos económicos.

Dinámicas regulatorias y comerciales

Estados Unidos trata la localización de datos como una barrera comercial. El Informe de Estimación Comercial Nacional de 2026 identifica más de 30 países con restricciones en la nube, localización de datos o acceso transfronterizo, incluyendo Canadá, Francia, Japón, Bolivia, Colombia y Corea del Sur.[s] El informe no distingue entre adquisiciones transparentes basadas en el estado de derecho y regímenes regulatorios opacos.

La estrategia combina la Ley CLOUD (acceso extraterritorial a datos) con presión comercial (revertir los requisitos de localización). La decisión de El Salvador de permitir el almacenamiento de datos crediticios en la nube tras la intervención de EE. UU. se cita como un modelo para replicar la presión bilateral.[s]

Forrester predice que 2026 será el año del nacionalismo tecnológico: «Las normas digitales globales cederán paso al nacionalismo tecnológico en lo que respecta a los modelos de inteligencia artificial. En medio de fracturas geoeconómicas y disrupción por inteligencia artificial, 2026 es el año en que los gobiernos eligen lo nacional primero, desde la selección de modelos hasta el alojamiento, reescribiendo la adquisición y el cumplimiento de la inteligencia artificial en el proceso».[s] Se espera que la mitad de las naciones del G20 exijan modelos de inteligencia artificial ajustados localmente para los servicios del sector público.

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