Noticias y Análisis 9 min de lectura

Conversaciones Cuba-Estados Unidos: cómo tres meses de bloqueo de combustible y un 64 % de apagones forzaron a La Habana a la mesa

Este artículo fue traducido automáticamente del inglés por una IA. Leer la versión original en inglés →
conversaciones Cuba Estados Unidos
🎧 Escuchar
Mar 13, 2026

Las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos son ya oficiales. El presidente cubano Miguel Díaz-Canel confirmó el viernes que su gobierno ha mantenido contactos con la administración Trump, la primera vez que La Habana reconoce negociaciones bilaterales que Washington ha estado reclamando públicamente desde hace semanas. El reconocimiento llegó a través de la televisión estatal, tras tres meses de bloqueo estadounidense al combustible que ha dejado al 64 % de la isla sin electricidad y ha empujado a Cuba hacia el colapso humanitario como en ningún otro momento desde la retirada soviética.

«Estas conversaciones han tenido como objetivo encontrar soluciones mediante el diálogo a las diferencias bilaterales que existen entre las dos naciones», dijo Díaz-Canel. Describió los intercambios como preliminares, centrados en identificar los problemas «según su nivel de gravedad» y hallar soluciones. Advirtió que cualquier acuerdo sigue estando muy lejos.

El reconocimiento llega tras meses de negación oficial. Tan recientemente como el 12 de enero, Díaz-Canel había descartado los informes sobre conversaciones Cuba-Estados Unidos, limitando el contacto a «contactos técnicos en el ámbito migratorio». El giro sugiere que la campaña de presión ha surtido efecto, al menos para llevar a Cuba a la mesa.

El bloqueo de combustible detrás de las conversaciones Cuba-Estados Unidos

El catalizador inmediato es el combustible. El 29 de enero, Trump firmó una orden ejecutiva invocando la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (International Emergency Economic Powers Act), con la que amenazaba con aranceles a cualquier país que suministrara petróleo a Cuba, directa o indirectamente. Esto siguió a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero, que cortó el principal canal de suministro de petróleo de Cuba. Venezuela enviaba aproximadamente 35.000 barriles diarios en promedio a la isla. El último petrolero llegó en diciembre.

El efecto fue rápido. Cuba depende del petróleo para más del 90 % de sus necesidades energéticas, según las Naciones Unidas. A principios de febrero, las provincias orientales de Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín y Granma sufrieron apagones totales. En marzo, el Sistema Electroenergético Nacional de Cuba registró un déficit que superaba los 2.000 megavatios. Ocho de las 16 termoeléctricas del país quedaron fuera de servicio. Los apagones rotativos llegaron a durar hasta 20 horas diarias en algunas regiones, y el 3 de marzo, UPI informó de que el 64 % de la isla estaba a oscuras.

Las consecuencias humanitarias han sido graves. La ONU advirtió de un posible «colapso» a menos que se establezca una excepción humanitariaExcepción a las sanciones o embargo que permite que suministros esenciales—alimentos, medicinas, equipos médicos—lleguen a una nación sancionada. para el petróleo y la ayuda. Unos cinco millones de cubanos con enfermedades crónicas se enfrentan a una atención médica interrumpida. Más de 32.000 embarazadas que requieren tratamiento continuo están en riesgo. El 84 % de los equipos de bombeo de agua de Cuba depende de la electricidad, y casi un millón de residentes depende íntegramente de camiones cisterna para su agua potable. Los hospitales carecen de combustible para las ambulancias. Los médicos describieron condiciones que hacen su trabajo «prácticamente imposible», según reportó Foreign Policy. La crisis agrava un panorama energético mundial ya de por sí tenso: el shock petrolero provocado por la guerra con Irán ha empujado los precios por encima de los 100 dólares por barril, lo que hace aún más difícil para La Habana encontrar proveedores alternativos.

Qué quiere Washington de las conversaciones Cuba-Estados Unidos

El objetivo declarado de la administración Trump es un cambio de régimen. El secretario de Estado Marco Rubio, cubanoamericano que ha dedicado su carrera a abogar por una línea más dura con La Habana, lo ha dicho explícitamente. El propio Trump ha sido menos preciso pero más colorido. El 27 de febrero, al abordar el Marine One, dijo a los periodistas: «Quizá tengamos una toma de control amistosa de Cuba. Podríamos terminar realizando una toma de control amistosa de Cuba». Describió la isla como sin «dinero», sin «petróleo» y sin «comida», calificándola de «nación en quiebra».

El 10 de marzo, Trump repitió la amenaza con un tono más agudo: «Puede ser una toma de control amistosa. Puede que no sea una toma de control amistosa. Eso daría igual porque están, como se dice, a las últimas».

Un alto funcionario de la administración Trump ofreció a los periodistas un encuadre más moderado: «Yo no llamaría a esto “negociaciones” sino más bien “conversaciones” sobre el futuro». La distinción importa. Washington no se posiciona como socio negociador sino como una parte que dicta condiciones a un Estado que considera al borde del colapso.

El canal discreto: Rubio y el nieto de Castro

Las conversaciones Cuba-Estados Unidos no han seguido los canales diplomáticos tradicionales. Axios informó en febrero de que Rubio ha estado en contacto directo con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de 41 años del expresidente Raúl Castro. Conocido como «El Cangrejo», Rodríguez Castro es coronel del ejército cubano y anteriormente ejerció como jefe de seguridad personal de su abuelo.

Su presencia es significativa. Raúl Castro, hoy con 94 años, sigue siendo la figura más poderosa de Cuba a pesar de haber abandonado oficialmente la presidencia en 2018 y la dirección del Partido Comunista en 2021. Díaz-Canel reconoció el viernes que las conversaciones fueron «impulsadas por» Raúl Castro, confirmando el informe de CiberCuba de que la verdadera autoridad decisoria de Cuba sigue en manos de la familia Castro y no del presidente en ejercicio.

Rodríguez Castro apareció de forma prominente en el discurso televisado de Díaz-Canel, una señal visual de que la familia respalda la apertura diplomática.

Qué quiere Cuba

Díaz-Canel enmarcó la posición de Cuba como la búsqueda de «la voluntad de ambas partes para tomar medidas concretas en beneficio de los pueblos de los dos países» y la identificación de «áreas de cooperación para hacer frente a las amenazas y garantizar la seguridad y la paz de ambas naciones, así como de la región». Insistió en que las negociaciones se desarrollen «sobre la base de la igualdad y el respeto a los sistemas políticos, la soberanía y la autodeterminación de ambos países».

En términos prácticos, Cuba necesita petróleo. Necesita que el bloqueo se levante o se suavice. Necesita que se elimine la amenaza de aranceles secundariosSanciones comerciales impuestas a países o empresas que venden bienes a una entidad sancionada, extendiendo el embargo a terceros. sobre los posibles proveedores. La liberación de 51 presos anunciada el jueves, negociada a través del Vaticano y programada para la Semana Santa, es un gesto de buena voluntad destinado a demostrar disposición al diálogo sin ceder en la exigencia central de una transición política.

Si alguno de los 51 es preso político sigue sin estar claro. La organización sin fines de lucro Prisoners Defenders contabilizaba 1.214 presos políticos en Cuba en febrero de 2026. La liberación negociada por el Vaticano recuerda a un acuerdo similar alcanzado bajo Joe Biden, quien retiró a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo a cambio de la liberación de 553 presos a principios de 2025. Trump revirtió esa decisión poco después de tomar posesión.

La brecha entre las dos posiciones

La distancia entre lo que Washington quiere y lo que La Habana está dispuesta a ofrecer es enorme. Estados Unidos busca, como mínimo, una reforma política fundamental y, como máximo, el fin del gobierno del Partido Comunista. Cuba ofrece liberaciones de presos y diálogo al tiempo que insiste en que su sistema político no es negociable.

El propio lenguaje de Díaz-Canel lo reconoció: dijo que un acuerdo está «todavía muy lejos». La palabra «acuerdo» puede ser generosa. Lo que está ocurriendo hasta ahora se parece más a la apertura de una válvula de presión que al inicio de una negociación entre iguales.

Analistas de Foreign Policy han advertido de que provocar el colapso de un Estado conlleva sus propios riesgos para Washington: conflictos internos, migración masiva hacia Florida, expansión de las rutas de tráfico por el Estrecho de Florida y desestabilización regional. El precedente venezolano, donde las sanciones estadounidenses contribuyeron a lo que los investigadores documentaron como «el mayor colapso económico fuera de una guerra en la historia moderna» mientras el liderazgo político se mantenía en el poder, sugiere que la presión máxima no garantiza el resultado político que buscan los Estados Unidos. Mientras la crisis del Estrecho de Ormuz sigue reconfigurando las rutas marítimas mundiales, la posición geográfica de Cuba en el Caribe añade otra variable a un mapa logístico ya de por sí tensionado.

Lo que está claro es que el bloqueo ha forzado a Cuba a adoptar públicamente una postura que pasó meses resistiendo. Si las conversaciones Cuba-Estados Unidos producirán concesiones sustanciales o simplemente ganarán tiempo mientras La Habana busca fuentes alternativas de combustible es la pregunta que definirá las próximas semanas. Para los 11 millones de personas en la isla que actualmente soportan apagones medidos en días y no en horas, el calendario diplomático es una preocupación secundaria.

Fuentes

¿Ha detectado un error factual? Contáctenos: contact@artoftruth.org

Compartir
Facebook Email