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Cómo el gobierno de EE. UU. logró que borraran organizaciones de derechos humanos de internet

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Concepto de borrado digital mostrando cómo las sanciones de EEUU borraron organizaciones palestinas de derechos humanos de internet
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Mar 30, 2026
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La jefa de redacción marcó este asunto, y merece toda la atención: en el otoño de 2025, varias de las organizaciones de derechos humanos más consolidadas de los territorios palestinos vieron borrada su presencia digital de las principales plataformas. Sus canales de YouTube, servicios de correo electrónico y cuentas bancarias fueron eliminados, no por lo que publicaban, sino porque el gobierno de Estados Unidos las incluyó en una lista de sanciones.

Esto es lo que ocurrió, quiénes fueron los afectados y por qué expertos jurídicos advierten que las consecuencias van mucho más allá de Palestina.

Qué ocurrió

El 4 de septiembre de 2025, el secretario de Estado Marco Rubio anunció sanciones contra tres organizaciones palestinas de derechos humanos: Al-Haq, el Centro Al Mezan para los Derechos Humanos y el Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR). La razón declarada: estas organizaciones «se involucraron directamente en los esfuerzos de la Corte Penal Internacional (CPI) para investigar, detener o enjuiciar a nacionales israelíes sin el consentimiento de Israel».

Los tres grupos habían presentado pruebas ante la CPI como parte de la investigación del tribunal sobre presuntos crímenes de guerra en Gaza y Cisjordania. La CPI había emitido órdenes de arresto contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant en noviembre de 2024, acusándolos de crímenes que incluían el uso del hambre como método de guerra.

Al incluir a las organizaciones en la lista de Nacionales Especialmente Designados del Departamento del Tesoro, el gobierno estadounidense congeló todos los activos que estas mantenían bajo jurisdicción estadounidense y convirtió en ilegal que cualquier persona o empresa de EE. UU. hiciera negocios con ellas.

El borrado digital

Las sanciones desencadenaron una cascada de eliminaciones de cuentas en las plataformas tecnológicas estadounidenses. A principios de octubre de 2025, YouTube eliminó silenciosamente las cuentas de las tres organizaciones, borrando sus canales y sus archivos completos de videos. El canal de Al-Haq fue eliminado el 3 de octubre. El de Al Mezan fue cancelado el 7 de octubre, sin notificación previa.

El borrado combinado sumaba más de 700 videos. No eran clips de propaganda. Incluían un reportaje de investigación sobre la muerte de la periodista palestino-estadounidense Shireen Abu Akleh a manos de soldados israelíes, documentación de demoliciones de viviendas en Cisjordania, testimonios de palestinos que describieron haber sido torturados bajo custodia israelí, y un documental sobre niños asesinados en un ataque israelí contra una playa de Gaza.

Google confirmó a The Intercept que las eliminaciones fueron consecuencia directa de las sanciones del Departamento de Estado. «Google se compromete a cumplir con las sanciones aplicables y las leyes de conformidad comercial», declaró un portavoz de YouTube.

YouTube no actuó solo. Mailchimp eliminó la cuenta de correo electrónico de Al-Haq en septiembre. Según un reportaje de Mondoweiss, las cuentas bancarias de las organizaciones también fueron cerradas, dejándolas sin capacidad para recibir fondos ni pagar a su personal. Los empleados estadounidenses de los grupos se vieron obligados a renunciar por temor a sanciones penales.

Una cuarta organización: Addameer

Las tres sanciones de septiembre no fueron las primeras. El 10 de junio de 2025, el Departamento del Tesoro sancionó a Addameer, una organización de derechos de los presos, basándose en la afirmación de que estaba afiliada al Frente Popular para la Liberación de Palestina. Tanto Amnistía Internacional como Human Rights Watch declararon que no se habían aportado pruebas creíbles para fundamentar esa acusación.

La cuenta de YouTube de Addameer fue posteriormente eliminada tras una carta de UK Lawyers for Israel a YouTube señalando la designación. Facebook, Instagram y Change.org también eliminaron las cuentas de Addameer tras cartas similares.

Por qué esto va más allá de Palestina

Las sanciones acarrean graves consecuencias para cualquier persona en Estados Unidos. Los estadounidenses que participen en «defensa política coordinada» con los grupos sancionados se enfrentan a penas de hasta 20 años de prisión y multas de más de un millón de dólares, según un análisis jurídico del Center for Constitutional Rights.

Esto significa que un abogado estadounidense podría incurrir en responsabilidad penal por representar a estas organizaciones. Un periodista que escriba un artículo a petición de uno de estos grupos podría ser procesado teóricamente. Un investigador universitario que coordine con ellos la presentación de pruebas ante un tribunal internacional podría ser imputado.

Raji Sourani, director del PCHR y uno de los abogados de derechos humanos más reconocidos de Palestina, declaró a Mondoweiss que la situación era inédita: «Ninguna organización de derechos había sido sancionada jamás por el simple hecho de cooperar con un órgano jurídico internacional.»

«Esto no es solo cuestión de Palestina», advirtió Sourani. «Se trata del futuro de la justicia internacional. Si se puede castigar a instituciones por cooperar con la CPI, la idea misma de la rendición de cuentas está en juego

La resistencia jurídica

Dos jueces federales han emitido medidas cautelares en casos donde los demandantes argumentaron que las sanciones relacionadas con la CPI violaban sus derechos reconocidos por la Primera Enmienda. Estas resoluciones sugieren que al menos algunos tribunales consideran las sanciones como restricciones potencialmente inconstitucionales a la libertad de expresión y de defensa.

Pero el panorama jurídico global es más complejo. En el caso de la Corte Suprema de 2010 Holder v. Humanitarian Law Project, el tribunal confirmó la potestad del gobierno para criminalizar la «defensa política coordinada» con organizaciones designadas, incluso cuando esa defensa era no violenta y estaba orientada a los derechos humanos. Los críticos de esa sentencia, incluido el juez Stephen Breyer en su voto disidente, advirtieron que no tenía «ningún punto de parada lógico».

El patrón más amplio

Las sanciones contra los grupos palestinos de derechos humanos forman parte de una campaña más extensa. El Informe Mundial 2026 de Human Rights Watch documentó lo que denominó «hostilidad escalada hacia la rendición de cuentas independiente y los esfuerzos de justicia global», incluyendo sanciones contra jueces de la CPI, fiscales de la CPI y un relator especial de la ONU.

En el ámbito interno, la administración ha amenazado a grupos de la sociedad civil con investigaciones penales y revocaciones políticamente motivadas del estatus de exención fiscal. En el exterior, canceló abruptamente casi toda la ayuda exterior estadounidense, incluidos programas que apoyaban directamente a defensores de los derechos humanos, grupos locales de la sociedad civil y asistencia humanitaria.

Las organizaciones afectadas afirman estar buscando alternativas fuera de las plataformas estadounidenses para alojar su trabajo y continuar su misión. Algunos de los videos eliminados sobreviven en la Wayback Machine del Internet Archive y en plataformas no estadounidenses. Sin embargo, no existe ningún índice completo del material borrado, y muchos videos parecen haberse perdido de forma definitiva.

La jefa de redacción en persona quería que se cubriera esta historia, y los mecanismos jurídicos merecen un examen detenido. Lo que le ocurrió a las organizaciones palestinas de derechos humanos en 2025 no es solo una historia sobre moderación de plataformas o política en Oriente Próximo. Es un estudio de caso sobre cómo los regímenes de sanciones pueden reconvertirse para lograr el control de la información, y cómo las empresas privadas se convierten en instrumentos de censura gubernamental sin que ninguna orden judicial las obligue a actuar.

La arquitectura de las sanciones

En febrero de 2025, el presidente Trump firmó la Orden Ejecutiva 14203, titulada «Imposición de sanciones a la Corte Penal Internacional». La orden autorizaba al Departamento de Estado y al Tesoro a imponer sanciones a cualquier persona física o jurídica considerada como colaboradora de los esfuerzos de la CPI para investigar o enjuiciar a nacionales de Estados Unidos o sus aliados sin su consentimiento.

La orden se aplicó primero contra funcionarios de la CPI y un relator especial de la ONU. Luego, el 10 de junio de 2025, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro sancionó a Addameer, una organización palestina de derechos de los presos, invocando autoridades antiterroristas y alegando afiliación con el FPLP. No se aportaron pruebas públicamente.

El 4 de septiembre de 2025, el secretario de Estado Marco Rubio sancionó a tres organizaciones más bajo el régimen de sanciones contra la CPI: Al-Haq, el Centro Al Mezan para los Derechos Humanos y el Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR). La justificación oficial: estos grupos «se involucraron directamente en los esfuerzos de la CPI para investigar, detener o enjuiciar a nacionales israelíes sin el consentimiento de Israel».

La distinción entre las dos vías jurídicas es relevante. Según el análisis del Center for Constitutional Rights en Jewish Currents, la OFAC del Departamento del Tesoro habría sido reacia a designar a Al-Haq, Al Mezan y PCHR como organizaciones terroristas. La administración recurrió entonces al Departamento de Estado, que dispone de mayor discrecionalidad política dentro del marco de sanciones contra la CPI. El procedimiento del Departamento de Estado está, por diseño, menos condicionado por los estándares probatorios que las designaciones de terrorismo de la OFAC.

Cómo las sanciones se convierten en borrado digital

Una vez que una entidad es incluida en la lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN), todas las personas y empresas estadounidenses tienen prohibido prestarle servicios. Para las empresas tecnológicas estadounidenses, esto genera una obligación de cumplimiento que se traduce directamente en la cancelación de cuentas.

A principios de octubre de 2025, YouTube eliminó los canales de las tres organizaciones. El canal de Al-Haq fue retirado el 3 de octubre con un aviso que citaba violaciones de las normas comunitarias. El de Al Mezan fue cancelado el 7 de octubre sin ninguna notificación previa. El borrado combinado sumaba más de 700 videos que documentaban la presunta conducta militar israelí en Gaza y Cisjordania, incluyendo reportajes de investigación sobre la muerte de la periodista Shireen Abu Akleh y testimonios de detenidos palestinos.

Google confirmó a The Intercept que las eliminaciones se realizaron para cumplir con las sanciones del Departamento de Estado. El enfoque elegido merece atención: se informó a Al-Haq de que su «contenido viola nuestras normas», cuando el verdadero motivo era una designación gubernamental, no una infracción de la política de contenidos.

Mailchimp también eliminó la cuenta de Al-Haq. Addameer sufrió eliminaciones en YouTube, Facebook, Instagram y Change.org tras las cartas de UK Lawyers for Israel a cada plataforma señalando la designación de la OFAC. Las cuentas bancarias fueron cerradas, dejando a las organizaciones sin capacidad para pagar salarios. El personal estadounidense renunció de manera preventiva para evitar la exposición penal.

La exposición jurídica de los estadounidenses

Las sanciones no afectan únicamente a las organizaciones designadas. Conforme al International Emergency Economic Powers Act (IEEPA), cualquier estadounidense que preste «servicios» a una entidad sancionada se enfrenta a penas de hasta 20 años de prisión y multas de más de un millón de dólares por cargo.

La definición de «servicios» es amplia. Según el abogado del CCR Shayana Kadidal, la posición constante del gobierno es que la «defensa política coordinada» con una entidad designada constituye un servicio prohibido. Esto significa que un estadounidense que amplifique un llamado a la acción de uno de estos grupos, preste asesoramiento jurídico más allá de las exenciones reglamentarias estrictas, o coordine con ellos la presentación de pruebas ante un tribunal internacional podría ser procesado teóricamente.

La Corte Suprema abordó este marco en Holder v. Humanitarian Law Project (2010), donde una mayoría de seis a tres confirmó la potestad del gobierno para criminalizar la defensa coordinada con grupos designados, incluso cuando las actividades eran no violentas, como impartir resolución de conflictos. El voto disidente del juez Breyer advertía que la sentencia no tenía «ningún punto de parada lógico» para restringir el derecho de los estadounidenses a asociarse y hablar en nombre de organizaciones proscritas.

Los recursos constitucionales

Dos jueces federales han emitido medidas cautelares que bloquean a la administración Trump de sancionar a quienes apoyaron las investigaciones de la CPI. Estas resoluciones concluyeron que las sanciones probablemente violaban los derechos de la Primera Enmienda de los demandantes.

Sin embargo, las medidas cautelares no son sentencias definitivas, y las emitidas hasta ahora han protegido a defensores individuales, no a las propias organizaciones designadas. Estas permanecen en la lista SDNLa lista del Tesoro de EE. UU. de personas y entidades sancionadas. Los ciudadanos y empresas estadounidenses tienen prohibido realizar transacciones con quienes figuran en ella.. Sus cuentas siguen eliminadas. La cuestión jurídica de si el gobierno puede instrumentalizar las sanciones para obligar a plataformas privadas a borrar documentación de derechos humanos no ha sido resuelta de manera definitiva.

La dimensión de guerra informativa

El borrado digital no ocurrió de forma aislada. Según 7amleh, el Centro Árabe para el Avance de las Redes Sociales, las plataformas documentaron 507 casos de eliminaciones de contenido palestino o restricciones de cuentas solo en 2024. La situación se agravó después de que las grandes plataformas redujeran el umbral de confianza para la moderación automatizada de contenido en árabe del 80 % al 25 %, lo que significaba que el contenido podía marcarse para su eliminación incluso cuando los algoritmos tenían muy poca certeza de que infringía las normas.

The Intercept también informó de que YouTube había coordinado previamente con una campaña organizada por trabajadores tecnológicos israelíes para eliminar contenido considerado crítico con Israel, y que Google había compartido información personal de cuentas de Gmail con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE) para facilitar la detención de un organizador estudiantil pro-palestino.

El problema del precedente

Raji Sourani, director del PCHR, calificó las sanciones de «escándalo en el trabajo de derechos humanos» y señaló que ninguna organización de derechos humanos había sido sancionada jamás por cooperar con un órgano jurídico internacional.

Human Rights Watch calificó las sanciones de «esfuerzo cruel y vengativo para castigar a quienes simplemente abogan por las víctimas de crímenes graves» y llamó a los estados miembros de la CPI a promulgar leyes de bloqueo para proteger al tribunal y a quienes buscan justicia ante él.

El patrón más amplio está documentado en el Informe Mundial 2026 de HRW, que describe una «hostilidad escalada hacia la rendición de cuentas independiente y los esfuerzos de justicia global», incluyendo sanciones contra jueces de la CPI, fiscales de la CPI y un experto de la ONU, junto con la cancelación abrupta de casi toda la ayuda exterior estadounidense.

El marco jurídico aquí establecido no es específico de Palestina. La Orden Ejecutiva 14203 autoriza sanciones contra cualquier persona que ayude a las investigaciones de la CPI sobre aliados de EE. UU. Una administración futura podría usar el mismo mecanismo contra organizaciones que documenten abusos cometidos por cualquier gobierno aliado. El precedente es estructural: si EE. UU. puede sancionar a organizaciones de derechos humanos por cooperar con tribunales internacionales, y las empresas privadas borran luego su presencia digital como medida de cumplimiento, toda la arquitectura de la rendición de cuentas internacional se vuelve vulnerable a la acción del ejecutivo.

Algunos de los videos eliminados sobreviven en Internet Archive y en plataformas no estadounidenses. No existe ningún índice completo del material perdido. Las organizaciones afectadas han declarado que buscan alternativas a las plataformas tecnológicas estadounidenses. Como declaró el portavoz de Al-Haq a The Intercept: «Las sanciones estadounidenses se están utilizando para paralizar el trabajo de rendición de cuentas sobre Palestina y silenciar las voces y las víctimas palestinas, y esto tiene un efecto dominó en estas plataformas que también actúan bajo tales medidas para silenciar aún más las voces palestinas.»

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